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martes, 14 de abril de 2009

Historias para el Rey

Nunca pude imaginar que fuese tan agradable la función de contar historias para la cual fui nombrado por decreto del Rey. El nombramiento me tomó por sorpresa, porque jamás había ejercitado mis dotes de imaginación e inclusive tengo cierta dificultad para expresarme. Pero bastó que el Rey confiara en mí para que las historias me brotaran de la boca como agua de manantial. No necesitaba inventarlas. Se inventaban a sí mismas.
Este placer duró seis meses. Un día, la Reina fue a decirle al Rey que yo estaba exagerando. Contaba tantas historias que no había tiempo para apreciarlas, ni aun para escucharlas. El Rey, que juzgaba mi elocuencia un mérito, pasó a considerarla un defecto, y ordenó que yo sólo contase media historia por día y descansase los domingos. Me puse triste, porque no sabía inventar media historia. Mi incapacidad desagradó y fui sustituido por un mudo que narra por medio de señas y arranca los mayores aplausos.

Carlos Dummond De Andrade

martes, 20 de enero de 2009

Solange

Solange, la enamorada. Todas las muchachas perdían frente a Solange. Ninguna podía competir con ella en materia de seducción. Los jóvenes de la ciudad sólo alimentaban una aspiración: que Solange los mirase. Desdeñaban a todas las otras, aunque fuesen lindas, llenas de gracia y buenas para enamorar. Enamorar a Solange, merecer el favor de sus ojos: ¿qué más desear en la vida?
De ninguno se enamoraba Solange. Era una torre, un silencio, un abismo, una nube. Su familia se inquietaba por esto y le pedía por el amor de Dios que eligiera un muchacho y se enamorase. El párroco la exhortó en ese sentido. El intendente apeló a sus buenos sentimientos. Nadie más se casaba, la legión de solteronas era preocupante. Se temía por el orden social.
La desaparición de Solange no fue explicada hasta ahora, pero dicen que en una carta dirigida a la familia ella declaró que, para ser la enamorada en potencia de todos, no podía enamorarse de uno solo, aunque cambiase de enamorado sucesivamente. Estaba segura de que ejercía la función de un sueño que beneficiaba a todos. Pero si no era así, y nadie comprendía su entrega ideal a todos los jóvenes, ella decidía desaparecer para siempre, y adiós.
¿Adiós? Se ignora adonde fue Solange, pero así fue que se convirtió en mito supremo y nunca más nadie se enamoró en la ciudad. Las muchachas envejecieron y murieron, la iglesia cerró las puertas, el comercio decayó y terminó, las casas se desplomaron en ruinas, todo allí quedó reducido a una tapera.

Carlos Drummond de Andrade