lunes, 9 de febrero de 2009

El caso Arístides

Desde que tuviera uso de razón, Arístides no articuló sonido: él aguardaba. Confiaba en ser capaz, cuando la muerte lo acechase, de convocar sus sueños, su rabia, sus penas y sus años, y resumirlo todo en un alarido o en una carcajada. Sería sólo una voz, descomunal y precisa, que ahuyentaría a la muerte cuando llegase a buscarlo.
El silencioso Arístides murió un veintitrés de julio en su habitación mientras dormía, con una ligera sonrisa asomándole en la boca.

Andrés Neuman

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